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Mujeres fuertes

Alejandra Stamateas en vivo: El espejo

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Alejandra Stamateas

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Espejito, espejito… ¿hay alguien más bella que yo?
¿Quién de todas nosotras no escuchó esta pregunta alguna vez?
Qué mujer no tiene un espejo en su cartera, en el auto, en la oficina, en la mochila…
Todas llevamos con nosotros algún espejo o nos miramos en cuanto espejo se cruza en nuestro camino con el afán de sentirnos aprobadas y bellas.
Así es, querida mujer, el espejo también es otro de los elementos de tortura favoritos de la sociedad, el cual nos indica cómo debemos lucir para tener éxito, felicidad y pareja.

El espejo nos devuelve una imagen detallada de todo lo que a simple vista no nos damos cuenta de que tenemos. No sólo nos refleja cómo estamos, sino también emite su voz en nuestro interior aprobando o desaprobando la imagen que le mostramos día a día. Así es como el espejo se convierte en nuestro juez, nuestro jefe, encargado de decirnos si nuestra imagen está acorde a lo que se espera de nosotras.
Nuestra cultura, querida mujer, nos enseñó a vivir pendiente de él. Sin embargo, el poder descubrir de dónde se nutre este elemento para calificarnos y darnos un puntaje de acuerdo a lo que veamos en él, nos permitirá entender qué es lo que hay en el interior de esa imagen que transmitimos.
Lo importante es poder diferenciar si lo que vemos es nuestra imagen corporal o nuestras diferentes emociones volcadas en nuestro cuerpo. Lo que vemos en él depende de nuestra mirada, la cual está proporcionalmente relacionada con nuestra autoestima y con las emociones que estamos viviendo a cada momento.
A veces dices: “me veo horrible”. Quizás debés preguntarte por qué te ves horrible. Porque la imagen que te devuelve el espejo es la imagen de tu emoción. Si estás mal internamente, el espejo te dará una respuesta negativa a tu mirada.
¿Cuántas veces te viste espectacular frente al espejo? O cuántas de nosotras salimos de casa espléndidas y cuando volvimos y nos miramos al espejo dijimos: “¿esto me puse?”
Y esto es porque a la mañana saliste contenta, pero al regresar, llegaste tan cansada, tan agotada, que el mismo espejo, en el mismo día, te responde de manera diferente.
Las mujeres nos sentimos feas cuando las emociones nos desbordan, cuando nuestros sentimientos, nuestra estima e identidad están heridas y aún más cuando el espejo nos devuelve una mala traducción de ellas, una imagen corporal falsa y desproporcionada.
Es necesario que comencemos por entender que en el espejo muchas veces vemos reflejada la mirada de lo que nuestra mamá nos dijo de pequeñas, de lo que los programas muestran de las modelos, de lo que los hombres dicen de las rubias, de las morochas, de las flacas, etcétera.
Y cada palabra emitida la tomas y la asimilas para ti, la haces carne y le das tanta autoridad que cuando te miras en el espejo, lo primero que ves no es tu imagen, sino todos estos dichos que tomaste como propios.
Pero si en cambio, te dicen: “qué linda que estás”, cuando te mires al espejo te vas a ver hermosa, y es porque la voz que recibiste del otro, es positiva y va a determinar que al mirarte la imagen que recibas sea espectacular.
Existen cientos de voces dentro de la mente de cada persona: la del profesor, la del padre, la madre, los tíos, los abuelos, los amigos, la sociedad… si puedes darte cuenta de esta realidad, tomarás conciencia de que la imagen que te devuelve el espejo no siempre se corresponde con la verdadera.
Los espejos tienen el poder de convertir a una mujer sana en una enferma cosmética, ya que delante de él se transformará en un objeto, pensando: “hay que arreglar acá, retocar allá, esconder, mostrar….” Por eso, hay gente que tiene espejos en todos lados: en la casa, en el auto, en la cartera, etc., otorgándole a éstos una excesiva importancia; como si mirarnos en él fuera cuestión de vida o muerte, se confunde lo que se ve con lo que se es. Porque cuando te ves en el espejo, piensas… y lo que piensas influye directa y proporcionalmente en tus sentimientos.

¿En qué espejo te estás mirando?


Piensa por un instante qué bueno sería no pelear con tu imagen desde el primer momento en que sacas el pie de la cama.
Qué distinta sería cada mañana si al levantarte y mirarte al espejo te pusieras un diez y salieras a cumplir tu actividad diaria, cada día, sintiéndote segura, de tal manera que no sientas que tienes que competir con nadie porque conoces lo que hay dentro tuyo y amas el cuerpo que tienes.

Puedes compartir con otras mujeres tu realidad, pero tu vida y tu cuerpo te pertenecen sólo a ti.

Poder descubrir lo que más impacta de nosotras es reconocer que allí está nuestra belleza, más allá de que no sea aprobada culturalmente.

Querida mujer, ¡no te tortures más! No pierdas tiempo en ello. Ámate. Y así tu rostro y tu cuerpo entenderán ese sentimiento. Aceptarán ese mensaje que les das e irán mejorando día a día.